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viernes, 30 de enero de 2015

Bosnia

Hace un par de semanas llegó a casa Bosnia, una gatita negra de 45 días, salvaje y extrovertida, digna heredera del trono de Tolstoi. 
El primer día se encontró con nuestros tres gatos adultos; encuentro explosivo por cierto. Bosnia no apechugó, les hizo frente a los tres, quienes de inmediato supieron a qué estaban expuestos y no tardaron en demostrarnos el rechazo por aquella invasora, no solo de sus sillones y plantas, también ladrona de nuestro cariño.
Luego de pelear, marcar su nuevo territorio y recorrer la casa de arriba a abajo, se acercó a mí y comenzó a maullar en forma muy lastimosa. Yo la tocaba y le acariciaba la cabeza, hasta que, sin pudor, se trepó por mi ropa hasta llegar al cuello. En ese sitio, se acomodó, puso segunda, tomo el palo de amasar y comenzó delicadamente a chuparme la oreja. 
Quizá la madre la había destetado no hacía mucho debido a un nuevo amorío, quizá se había extraviado o tal vez, alguien la había alejado accidental o voluntariamente de su familia felina. 
La dejé allí, mamando como si se tratase de su perdida teta; no podía dejar de enternecerme. Mi respuesta automática fue ir en busca de leche, que le ofrecí cuando ya se había cansado de lamer sin obtener más que sal y perfume. 
Se la tomó toda y luego, se obilló a mi lado para dormir.
A las seis de la mañana del día siguiente me desperté con el chupeteo en la oreja, el amasijo con el que me clavaba suavemente las uñas y el run run característico que hacen los gatos cuando están plácidos. Si bien me enterneció, también la reproché, sobre todo por la hora, pero me levanté a darle su recompensa.
No dejó de hacerlo por dos semanas, hasta hoy, hasta hace instantes, que una familia adoptiva vino por ella.
Les conté de su costumbre, les conté también que intenté detenerlo, pero que no había podido ponerle un límite claro. 
Lo intenté con un NO firme y tajante, lo intenté con el rociador de agua, lo intenté poniéndome los auriculares, pero no se rindió.
Sin duda, toda esa negrura de cucaracha, de espacio interestelar, de estrellas que se mueren; ese negro de haberse bebido todo el arco iris no dejaba lugar a dudas de que la guerra y la paz eran dos caras de una misma moneda. 

Bendita seas Bosnia, y espero que allá donde estés, te cuiden, te amen, y sobre todo, te pongan un sano y educador límite.

4 comentarios:

  1. 45 días es muy poco tiempo para que la bebé Bosnia supiera las más elementales normas de comportamiento gatuno, Buscaba cariñitos, roce, amor...y te adoptó ella a ti para que le dieras todo eso y lo consiguió, porque hasta te ronroneaba y todo...¡qué monada! Oye, dices que tienes tres... creo que tengo alguno no contabilizado...jajajaja...Besotes.

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  2. Así es Lily, hay tres y casi fueron cuetro, pero ya era una multitud. Con rrspecto a la tercera integrante te mande un mail con alguna foto el año pasado. Debe haber ido a parar a Howarts, ya que se trata de la Señora Norris. Besos y gracias por estar acá, :)

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  3. Mi gato Rsis se parece mucho a Bosnia. Pero como ya lleva largo rato viviendo conmigo he logrado "domesticarlo" bastantito. ¡Vivan estos bichitos adorables, que nos hacen la viva menos insoportable! Abrazo, Seba!

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  4. Gracias Edu!!! :) si, vivan estos seres adorables!!! Leí hace poco una traducción de un tuitt alemán que decía más o menos así "hace mucho tiempo que el hombre dejó de considerar dioses a los gatos. Ellos aún no se han dado cuenta" no es literal, pero es la idea jajaja

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